La fe es como trocitos de pudín de vainilla pegados a los labios


Hace rato que no publico nada a causa del derrame cerebral que mi esposo, Bernie Glassman, sufrió hace 10 días. Ayer tuve la sensación de que estaba comenzando una nueva página al pasar de la emergencia a una situación más normal. Escribir en el blog me ayuda en este sentido.

La información actualizada sobre el estado de Bernie se publica en la página de Caring Bridge. El presente blog es más bien para mí, para expresar mis sentimientos, pensamientos y lo que voy aprendiendo y asimilando en tiempos tan breves. Puedes sentarte a meditar y retirarte por décadas enteras: un accidente cerebrovascular es una zambullida en la realidad que aniquila todo lo que crees saber. Te vuelves un bebé, un recién nacido. Dios te muestra cosas que nunca habías visto antes, y lo único que tienes que hacer es mirar. No cierres los ojos, no le digas a Dios lo que debe hacer, no digas que es injusto, limítate a mirar. Mira a la persona que amas claramente a la cara, mientras se da cuenta poco a poco de que no puede mover el lado derecho del cuerpo, que es incapaz de ir al baño solo y que su fabulosa mente ha cambiado. Míralo profundamente a los ojos, no apartes la mirada, Dios te está mostrando algo. Tienes el gran privilegio de poder entrar profundamente en el estado de no-saber, al menos que lo estropees todo, al menos que te tapes los oídos, comiences las búsquedas con Google para poder discutir con los excelentes profesionales que están cuidando de él, te refugies en el whisky, en la comida chatarra e intentes predecir el universo.

En medio de todo esto, sé que estamos rodeados de una gran bondad, que alguien ha corrido la cortina para mostrarnos más y más el universo y que lo único que podemos hacer es agradecer estos destellos. En esta situación no hay problemas, sino panoramas nuevos y contradictorios: el esfuerzo de la pierna por levantarse incluso si no lo logra; un encogerse de hombros en el que un hombro se mueve y el otro se queda quieto. Hemos vivido una vida muy activa, pero ahora tenemos la oportunidad de apreciar tantas cosas pequeñas y dulces, incluso de llorar por ellas: la rodilla derecha que se dobla después de muchos intentos, el beber agua normalmente sin atragantarse y, finalmente – milagro de los milagros – el café.

 Photo: Eve Marko

Photo: Eve Marko

En el pasado hemos viajado mucho, pero éste es el país más extraño que hayamos visitado jamás y me siento como una turista: ¿Puedes dirigir la cuchara con la mano izquierda hacia el lado izquierdo de tus labios en lugar de hacia el derecho? Somos como el turista estándar que usa ropa deportiva comprada en las rebajas de la tienda Gap, fácil de poner y quitar. También hay que aprender una nueva lengua: Empieza de nuevo y habla más despacio. De nuevo. Una vez más.

Y esto conlleva su propia práctica meditativa. Durante 50 años, Bernie ha enseñado “la práctica de John y Mary”. John es el brazo izquierdo, Mary es el derecho. Cuando creen estar separados, no cuidan el uno del otro, ni del único cuerpo; pero cuando descubren que son un solo cuerpo, se ocupan de cuidarlo. Ahora continúa la práctica: ¿Sientes a Mary, Bernie? ¿Es uno o dos? ¿Es parte del único cuerpo incluso si no puedes sentirla? Bernie se echa a reír como diciendo: ¿Qué importancia puede tener el tocar o el sentir? Aquí hay algo mucho más grande al alcance de la mano, aquí y ahora, algo que llama y llama y llama.

Recuerdo cuando estuve enferma en 1987, internada en la sala de cuidados intensivos del hospital Saint Joseph de la ciudad de Yonkers después de sufrir un trauma encefálico por alergia a los antibióticos después de una cirugía. El Sensei Bernie Tetsugen vino a visitarme. Me miraba y escuchaba con gran atención mi parloteo mientras le contaba una historia con profundo significado sobre lo que se siente al estar a las puertas de la muerte, cómo el mundo había cambiado para mí, cómo sentía el fuerte flujo de la sangre al entrar y salir de mi cuerpo, la experiencia impresionante que había tenido y que habría podido matarme, pero que en cambio era capaz de cambiar mi vida. Me miró pacientemente en silencio, sin decir palabra, sin tan siquiera decir lo que es obvio en momentos tan emotivos y traumatizantes como estos: Es sólo tu opinión, Eve, sólo tu opinión.